Mostrando entradas con la etiqueta Jardín Riotorto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jardín Riotorto. Mostrar todas las entradas

martes, 2 de julio de 2013

Una semanita en Riotorto

Para desconectar un poco he cogido una semana de vacaciones y me he ido para Riotorto. Allí se respira un aire especial. No se exactamente a que se debe, quizás al extraordinario silencio o al perfil ondulado de las colinas o a la vegetación exuberante o a las vacas y a los caballos pastando placidamente, pero en Riotorto me relajo como en pocos sitios. Y además tenía ganas de ver como estaba el jardín en esta época del año.
Lo primero que hago cuando llego en Riotorto es darme un paseo por la finca para ver como están las plantas. Esta vez no fue posible porque la hierba era más alta que yo y resultaba imposible adentrarse en el jardín sin la ayuda de una hoz o fouciño, como cariñosamente lo llaman los gallegos. No es una novedad porque esta zona debe de ser una de las áreas de Europa donde las hierbas crecen con más vigor. Pluviosidad elevada, temperaturas templadas y un suelo rico son los ingredientes perfectos para un crecimiento tan impresionante.
Bueno, no me desanimo, era lo que me esperaba. Cojo un buen fouciño y empiezo a limpiar. Los primeros años han sido difíciles para las plantas que desaparecían literalmente entre las hierbas, pero ahora las cosas van mejor porque han crecido y se defienden bien. Así que al tercer día he podido dejar o fouciño y coger la cámara. Entre otras fotos me ha gustado mucho esta:


Los acantos en todo su esplendor. Los he plantado hace dos años. Prácticamente la primera herbácea que me he atrevido a introducir, fuerte y vigorosa para poder competir con las malas hierbas. Y han competido bien. El seto de Lonicera nitida y la silueta del membrillero hacen un buen fondo para las increíbles espigas de los acantos. Se entrevé a lo lejos la copa del tilo que de aquí a unos años completará una composición de un refrescante verdor. 

Si nos cambiamos de sector y nos vamos a la zona de inspiración japonesa, las Spireas japonica son las indiscutibles protagonistas de la composición.



Han producido una masa increíble de flores que actúa como un imán para el espectador. Hace años la consideraba la típica planta  de rotonda pero su atractivo no me dejaba indiferente. Es muy versátil quedando bien en varios tipos de composición, de las clásicas a las modernas. Aquí os pongo otra composición que conseguí hace años con Spireas en un jardín de costa:


Es verdad que su protagonismo no dura mucho pero eso se soluciona si la Spirea japonica se introduce en el esquema adecuado.

Si echamos un vistazo al aspecto que tenía la misma zona del jardín en los meses de Abril-Mayo nos damos cuenta de como toda la atención estaba dirigida a las masas de Azalea y las Spireas pasaban totalmente desapercibidas.




Cuando terminen de florecer las Spireas, será el momento de la Buddleia que seguirá aportando color a esta zona del jardín. Espero poder volver a Riotorto pronto.

martes, 14 de mayo de 2013

Semana Santa 2012 en Riotorto

Por fin alguna pequeña satisfacción. Era hora, después de varios años. Ya habían pasado cuatro primaveras (así debería expresarse la edad de un jardín). Pero aquel dia los volúmenes empezaron a definirse, por lo menos en algún sector del jardín. Las copas de los árboles cogían tridimensionalidad y la composición paisajística tomaba forma. Incluso los manzanos, que no he vuelto a mencionar, empezaban a formar copa. Lo habían aguantado todo: viento, corsos, sequía.





En la evolución de los jardines esta es una etapa clave. Durante esta fase un espacio ajardinado pasa de ser una caótica agrupación de plantas dispuestas sin ningún criterio aparente y sin ninguna relación entre ellas, a ser un conjunto donde cada elemento adquiere su propia función. Se establecen los niveles de vegetación y las jerarquías entre plantas.
Este momento es grandioso para mí, porque por fin empiezo a tener referencias concretas. Líneas y volúmenes que antes eran puramente imaginarias se hacen reales. Lo que antes estaba solo en mi imaginación ahora empieza a materializarse, lo que antes era un paisaje “plano” ahora tiene movimiento y profundidad. Las formas y los volúmenes de las plantas hacen que la mirada no vaya tan de prisa, sino que se detenga en los puntos de interés, que salte de un lugar a otro. Es solo un esbozo de la composición paisajística definitiva, pero es suficiente para hacernos una idea de la distribución espacial y para darnos cuenta de posibles errores.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Años 2010-2011

Son otros dos años de trabajo de poda y de plantación. Procuro ir a Riototrto todas las Navidades y en Febrero para las podas y por lo menos otras dos veces al año, una en primavera y otra en otoño. Siendo todos los árboles existentes de hoja caduca, dí prioridad a la plantación de planta estructural, es decir planta de hoja perenne.

Lonicera pileata, en la primera foto, debajo de un joven cerezo. Esta planta se revelará una de las mejores cobertoras en cuanto a capacidad de control de las malas hierbas, una cualidad fundamental en un jardín de este tipo, porque permite ahorrar un montón de trabajo. En pocos años solo con 5 plantas he conseguido mantener bajo control una superficie de varios m2

Seto de Lonicera nítida, en la segunda foto. Este seto es para mi uno de los elementos esenciales de este sector del jardín. Me ha permitido compartimentar esta zona, delimitar el camino (en la parte de arriba), realzar el pintoresco membrillero y ahora mismo hace de pantalla de fondo a un grupo de Acanthos. Lo que puede hacer un simple seto.
Con la aportación de los arbustos estructurales el jardín empieza a “vestirse”. Tenemos la costumbre de visitar los jardines en primavera o verano, cuando, en realidad, el mejor momento para valorar la proporción entre planta perenne y planta caduca, factor esencial de la armonía de un jardín, es el invierno.


En el sector “japonés” las cosas iban un poquito mejor. Aludo al control de las malas hierbas, porque en lo que se refiere a resultados estéticos todavía hay poco que contar.

En las siguientes fotos plantas recién plantadas en sectores todavía desnudos del jardín.


Como podéis ver hemos utilizado cartones, otra de nuestras armas contra las malas hierbas. Es verdad que no quedan bonitos, pero tienen cierta efectividad si se reponen cada cierto tiempo.

En jardines de este tipo plantar conlleva siempre un riesgo porque lo que se hace es “plantar y marchar”, dejando que las nuevas plantas se establezcan por si solas. Uno no se puede quedar para vigilar que todo vaya bien o para asegurarse que no falte agua a las plantas durante los primeros meses. Si las previsiones meteorológicas no aciertan o la distribución de las lluvias no es la normal, lo más probable es que la próxima vez que volvamos (3-4 meses después) nos encontraremos con plantas secas. Aquel año planté a finales de febrero contando con las lluvias de finales de invierno-principio de primavera. Como pocas veces ocurre en Galicia, no cayeron nada más que cuatro gotas, y como era de esperar, un par de plantas perecieron y otras estuvieron al punto. Este simple percance, que en un jardín normal no sería gran cosa, en nuestro caso provoca un retraso en la plantación de al menos un año porque para reponer la planta seca hay que esperar hasta después del verano.

Años 2008-2009: las primeras plantas

¿Vosotros veis algo en esta foto? Tengo que reconocerlo, cuesta divisar plantas, pero os puedo asegurar que ya habíamos plantado las primeras. Es esta una imagen de la futura zona de inspiración japonesa con un Acer palmatum, un Abies coreana, un Juniperus, y alguna cosa mas. La verdad es que no es como para dar saltos de alegría. Pero, a pesar de lo que piensan muchos, este es el aspecto que tiene un jardín en su fase embrional sobre todo cuando se trabaja en superficies muy amplias. Al principio la distancia entre plantas nos parece enorme y los vacíos exagerados. Estos vacíos son aun mas evidentes cuando empleamos plantas de crecimiento lento. Hay que aceptarlo. Un arce que a los 10 años medirá 3-4 metros, cuando lo compramos en el vivero mide 50 cm. El Abies coreana no media ni siquiera esto. Por no hablar de los volúmenes. Las plantas al principio no solo son pequeñas, sino bidimensionales.

De todos modos en esta foto la hierba estaba recién cortada y se ve todo limpito. Lo peor estaba todavía por venir. Mirad esta foto del verano del año siguiente.
Hay un Cotoneaster, un Cercis y un Viburnum rescatados de las garras de las malas hierbas.
Y en esta otra alguna planta un poco mejor protegida por la tira de malla antihierba.


Bueno, habían pasado dos años, y no hay más que enseñar. Quizás os resulte decepcionante, pero quiero insistir sobre un concepto: los jardines necesitan tiempo, algunos más, otros menos (véase Jardín Menecha).
Hoy en día estamos acostumbrados a resultados rápidos y nos falta paciencia. Pero los resultados rápidos son improbables en jardinería. Por eso la jardinería profesional (obviamente sin generalizar) tiende a producir los que yo llamo jardines-Belém o sea figuritas que no viven ninguna evolución con el tiempo, son siempre iguales y no maduran, jardines que parecen estampas fijas.
 
 


martes, 7 de mayo de 2013

Manos a la obra

Lo primero como siempre fue analizar el espacio, dividir sectores y trazar los caminos. El terreno tiene mucha pendiente que se incrementa en la zona cercana a la casa. Destinamos la parte más favorable a la plantación de manzanos y la zona mas empinada al jardín, que a su vez, dividimos en varios sectores. Os pongo unas fotos del principio, remontan al año 2008.







Solo existían algún árbol (un membrillero, una higuera y unos pocos manzanos) y algún seto de boj. Es una pena que la vegetación arbórea estuviera toda concentrada en la misma zona, un árbol pegado a otro. Pero en estos casos un árbol maduro es como una bendición y preferimos no cortar nada. Considero un deber del diseñador hacer todo lo posible para incluir las plantas existente en el esquema final del jardín. Al día de hoy no me arrepiento y la imagen que veis en el post anterior ha sido fruto de esta decisión. Así que ya el primer invierno cogí tijeras y serrucho y empecé un largo y paciente trabajo de poda para que estos árboles desgarbados adquirieran una forma equilibrada y pudieran integrarse los unos con los otros, además que con el resto del jardín. Al mismo tiempo empezamos el duro trabajo de limpieza que aun hoy no se ha acabado.

Jardín Riotorto: los orígenes

He abierto ese blog con la narración del comienzo del Jardín Menecha, de su planificación y construcción. Es un jardín de ambiente de costa que ha ofrecido muchas posibilidades de cultivo y donde el cultivo de muchas otras especies obviamente no ha sido posible.
Hay otro jardín del cual me gustaría hablaros, un jardín muy distinto, situado en un bonito valle de la Galicia oriental y al cual, cada vez, me siento mas cercano.
Fue en las Navidades de 2007 cuando Mon (mi cuñado) me comentó por primera vez que quería convertir una tierra abandonada, propiedad de la familia, en un huerto de manzanos autóctonos de sidra. “Además”-añadió- “me gustaría tener un jardín”.
Bien, no había problema de espacio, pero las dificultades eran varias: la tierra era dura y pesada de trabajar, las hierbas se desarrollaban a una velocidad pasmosa (es tierra de pasto) y quizás la mayor limitación: la distancia. Nadie estaba viviendo allí y éramos conscientes de que solo podíamos ir hasta allí pocas veces al año. Moncho, el padre de Mon, con gran detalle y con escaso optimismo, nos enumeró todos los problemas a los cuales nos íbamos a enfrentar.
No nos desanimamos porque teníamos ganas de hacer, ganas de plantar y de generar vida y belleza en una tierra desolada, donde las silvas (zarzas) estaban haciéndose con todo. Y entonces Mon y yo nos dijimos con entusiasmo que, aunque sobreviviera solo una parte de lo que plantáramos, sería todo un éxito.